{"id":339,"date":"2021-07-25T13:09:39","date_gmt":"2021-07-25T18:09:39","guid":{"rendered":"http:\/\/catedradelapaz.claudinamunera.edu.co\/?p=339"},"modified":"2021-07-25T13:13:47","modified_gmt":"2021-07-25T18:13:47","slug":"catedra-de-la-paz-convivencia-pacifica-semana-26-30-de-julio-primera-jornada-de-los-abuelos-y-personas-mayores","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/catedradelapaz.claudinamunera.edu.co\/index.php\/2021\/07\/25\/catedra-de-la-paz-convivencia-pacifica-semana-26-30-de-julio-primera-jornada-de-los-abuelos-y-personas-mayores\/","title":{"rendered":"C\u00c1TEDRA DE LA PAZ. CONVIVENCIA PAC\u00cdFICA. SEMANA 26 &#8211; 30 DE JULIO: PRIMERA JORNADA DE LOS ABUELOS Y PERSONAS MAYORES"},"content":{"rendered":"<h1 style=\"text-align: center\"><span style=\"color: #ffff00;background-color: #008000\"><strong>PRIMERA JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y LAS PERSONAS MAYORES<\/strong><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/www.aciprensa.com\/noticias\/homilia-del-papa-francisco-en-primera-jornada-mundial-de-los-abuelos-y-personas-mayores-90829\"><span style=\"color: #000000\">Tomado de:&nbsp;https:\/\/www.aciprensa.com\/noticias\/homilia-del-papa-francisco-en-primera-jornada-mundial-de-los-abuelos-y-personas-mayores-90829<\/span><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small\">Estimada Comunidad Educativa. Paz y<span style=\"color: #000000\"> Bien <\/span>en el Se&ntilde;or Jes&uacute;s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Independientemente de la religi&oacute;n que todos y cada uno de ustedes profesen, con el debido respeto que me merecen, perm&iacute;tanme presentar este extraordinario comentario que hizo el papa francisco, en relaci&oacute;n a la primera jornada mundial de los abuelos y las personas mayores. Desde el evangelio, presenta el Sumo Pont&iacute;fice, un relato que nos debe tocar en lo m&aacute;s profundo de nuestro coraz&oacute;n, bien sea que tengamos nuestros abuelos a&uacute;n vivos o, quien sabe, si el destino alg&uacute;n d&iacute;a nos tiene para ser abuelos. Lo cierto es que, siguiendo el transcurso de los d&iacute;as, normalmente, todos llegaremos a ser personas mayores, y es cuando, deseamos un trato digno de nuestra condici&oacute;n de mayores. Por tal motivo me viene a la mente, la regla de oro, trata a los dem&aacute;s, como quieren que a ti te traten.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Confiamos que puedan leer este art&iacute;culo en COORDINACI&Oacute;N CON CADA DIRECTOR DE GRADO<\/span><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" style=\"margin-left: auto;margin-right: auto\" src=\"https:\/\/modulo.master2000.net\/recursos\/uploads\/777\/templates\/ADULTOMAYOR.png\" alt=\"\" width=\"533\" height=\"300\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: x-small;color: #000000\"><strong>He aqu&iacute; el art&iacute;culo<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Mientras estaba sentado ensen\u0303ando, &laquo;al levantar la vista, Jesu\u0301s vio que una gran multitud acudi\u0301a a e\u0301l, y le pregunto\u0301 a Felipe: &ldquo;&iquest;Do\u0301nde compraremos pan para que coma esta gente?&rdquo;&raquo; (<em>Jn&nbsp;<\/em>6,5). Jesu\u0301s no se limita a ensen\u0303ar, sino que se deja interrogar por el hambre que anida en la vida de la gente. Y, de ese modo, da de comer a la multitud distribuyendo los cinco panes de cebada y los dos pescados que un muchacho le ofrecio\u0301. Al final, como sobraron bastantes pedazos de pan, les dijo a los suyos que los recogieran, &laquo;para que no se pierda nada&raquo; (v. 12).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">En esta Jornada, dedicada a los abuelos y a los mayores, quisiera detenerme precisamente en estos tres momentos: Jesu\u0301s que ve el hambre de la multitud; Jesu\u0301s que comparte el pan; Jesu\u0301s que ordena recoger los pedazos sobrantes. Tres momentos que se pueden resumir en&nbsp;<strong>tres verbos:&nbsp;<em>ver, compartir, custodiar<\/em>.<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\"><strong><em>Ver.<\/em><\/strong>&nbsp;El Evangelista Juan, al principio de la narracio\u0301n, sen\u0303ala este particular: Jesu\u0301s levanta los ojos y ve a la multitud hambrienta despue\u0301s de haber caminado mucho para encontrarlo. Asi\u0301 inicia el milagro, con la mirada de Jesu\u0301s, que no es indiferente ni esta\u0301 atareado, sino que advierte los espasmos del hambre que atormentan a la humanidad cansada. E\u0301l se preocupa por nosotros, nos cuida, quiere saciar nuestra hambre de vida, de amor y de felicidad. En los ojos de Jesu\u0301s descubrimos la mirada de Dios: una mirada que es atenta, que escudrin\u0303a los anhelos que llevamos en el corazo\u0301n, que ve la fatiga, el cansancio y la esperanza con las que vamos adelante. Una mirada que sabe captar la necesidad de cada uno. A los ojos de Dios no existe la multitud ano\u0301nima, sino cada persona con su hambre. Jesu\u0301s tiene una mirada contemplativa, es decir, capaz de detenerse ante la vida del otro y descifrarla.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Esta es tambie\u0301n la mirada con la que los abuelos y los mayores han visto nuestra vida. Es el modo en el que ellos, desde nuestra infancia, se han hecho cargo de nosotros. Habiendo tenido una vida a menudo muy sacrificada, no nos han tratado con indiferencia ni se han desentendido de nosotros, sino que han tenido ojos atentos, llenos de ternura. Cuando esta\u0301bamos creciendo y nos senti\u0301amos incomprendidos o asustados por los desafi\u0301os de la vida, se fijaron en nosotros, en lo que estaba cambiando en nuestro corazo\u0301n, en nuestras la\u0301grimas escondidas y en los suen\u0303os que lleva\u0301bamos dentro. Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos. Y es gracias tambie\u0301n a este amor que nos hemos convertido en adultos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Y nosotros,&nbsp;<strong>&iquest;que\u0301 mirada tenemos hacia los abuelos y los mayores?<\/strong>&nbsp;&iquest;Cua\u0301ndo fue la u\u0301ltima vez que hicimos compan\u0303i\u0301a o llamamos por tele\u0301fono a un anciano para manifestarle nuestra cercani\u0301a y dejarnos bendecir por sus palabras? Sufro cuando veo una sociedad que corre, atareada e indiferente, afanada en tantas cosas e incapaz de detenerse para dirigir una mirada, un saludo, una caricia. Tengo miedo de una sociedad en la que todos somos una multitud ano\u0301nima e incapaces de levantar la mirada y reconocernos. Los abuelos, que han alimentado nuestra vida, hoy tienen hambre de nosotros, de nuestra atencio\u0301n, de nuestra ternura, de sentirnos cerca. Alcemos la mirada hacia ellos, como Jesu\u0301s hace con nosotros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\"><strong><em>Compartir.<\/em><\/strong>&nbsp;Despue\u0301s de haber visto el hambre de aquellas personas, Jesu\u0301s desea saciarlas. Y lo hace gracias al don de un muchacho joven, que ofrece sus cinco panes y los dos peces. Es muy hermoso que un muchacho, un joven, que comparte lo que tiene, este\u0301 en el centro de este prodigio del que se beneficio\u0301 tanta gente adulta &mdash;unas cinco mil personas&mdash;.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Hoy tenemos necesidad de una nueva alianza entre los jo\u0301venes y los mayores, de compartir el comu\u0301n tesoro de la vida, de son\u0303ar juntos, de superar los conflictos entre generaciones para preparar el futuro de todos. Sin esta alianza de vida, de suen\u0303os y de futuro, nos arriesgamos a morir de hambre, porque aumentan los vi\u0301nculos rotos, las soledades, los egoi\u0301smos, las fuerzas disgregadoras. Frecuentemente, en nuestras sociedades hemos entregado la vida a la idea de que &ldquo;cada uno se ocupe de si\u0301 mismo&rdquo;. Pero eso mata.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">El Evangelio nos exhorta a compartir lo que somos y lo que tenemos, ese es el u\u0301nico modo en que podemos ser saciados. He recordado muchas veces lo que dice a este propo\u0301sito el profeta Joel (cf.&nbsp;<em>Jl&nbsp;<\/em>3,1): Jo\u0301venes y ancianos juntos. Los jo\u0301venes, profetas del futuro que no olvidan la historia de la que provienen; los ancianos, son\u0303adores nunca cansados que trasmiten la experiencia a los jo\u0301venes, sin entorpecerles el camino. Jo\u0301venes y ancianos, el tesoro de la tradicio\u0301n y la frescura del Espi\u0301ritu. Jo\u0301venes y ancianos juntos. En la sociedad y en la Iglesia: juntos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\"><strong><em>Custodiar.<\/em><\/strong>&nbsp;Despue\u0301s de que todos comieron, el Evangelio refiere que sobraron muchos pedazos de pan. Ante esto, Jesu\u0301s da una indicacio\u0301n: &laquo;Recojan los pedazos que han sobrado, para que no se pierda nada&raquo; (<em>Jn&nbsp;<\/em>6,12). Es asi\u0301 el corazo\u0301n de Dios, no so\u0301lo nos da mucho ma\u0301s de lo que necesitamos, sino que se preocupa tambie\u0301n de que nada se desperdicie, ni siquiera un fragmento. Un pedacito de pan podri\u0301a parecer poca cosa, pero a los ojos de Dios nada se debe descartar. Es una invitacio\u0301n profe\u0301tica que hoy estamos llamado a hacer resonar en nosotros mismos y en el mundo:&nbsp;<em>recoger, conservar con cuidado, custodiar<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Los abuelos y los mayores no son sobras de la vida, desechos que se deben tirar. Ellos son esos valiosos pedazos de pan que han quedado sobre la mesa de nuestra vida, que pueden todavi\u0301a nutrirnos con una fragancia que hemos perdido, &ldquo;la fragancia de la memoria&rdquo;. No perdamos la memoria de la que son portadores los mayores, porque somos hijos de esa historia, y sin rai\u0301ces nos marchitaremos. Ellos nos han custodiado a lo largo de las etapas de nuestro crecimiento, ahora nos toca a nosotros custodiar su vida, aligerar sus dificultades, estar atentos a sus necesidades, crear las condiciones para que se les faciliten sus tareas diarias y no se sientan solos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Pregunte\u0301monos: &ldquo;&iquest;He visitado a los abuelos? &iquest;a los mayores de la familia o de mi barrio? &iquest;Los he escuchado? &iquest;Les he dedicado un poco de tiempo?&rdquo;. Custodie\u0301moslos, para que no se pierda nada. Nada de su vida ni de sus suen\u0303os. Depende de nosotros, hoy, que no nos arrepintamos man\u0303ana de no haberles dedicado suficiente atencio\u0301n a quienes nos amaron y nos dieron la vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-size: small;color: #000000\">Hermanos y hermanas, los abuelos y los mayores son el pan que alimenta nuestras vidas. Estemos agradecidos por sus ojos atentos, que se fijaron en nosotros, por sus rodillas, que nos acunaron, por sus manos, que nos acompan\u0303aron y alzaron, por haber jugado con nosotros y por las caricias con las que nos consolaron. Por favor, no nos olvidemos de ellos. Alie\u0301monos con ellos. Aprendamos a detenernos, a reconocerlos, a escucharlos. No los descartemos nunca. Custodie\u0301moslos con amor. Y aprendamos a compartir el tiempo con ellos. Saldremos mejores. Y, juntos, jo\u0301venes y ancianos, nos saciaremos en la mesa del compartir, bendecida por Dios.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRIMERA JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y LAS PERSONAS MAYORES Tomado de:&nbsp;https:\/\/www.aciprensa.com\/noticias\/homilia-del-papa-francisco-en-primera-jornada-mundial-de-los-abuelos-y-personas-mayores-90829 &nbsp; Estimada Comunidad Educativa. Paz y Bien en el Se&ntilde;or Jes&uacute;s. Independientemente de la religi&oacute;n que todos y cada uno de ustedes profesen, con el debido respeto que me merecen, perm&iacute;tanme presentar este extraordinario comentario que hizo el papa francisco, en relaci&oacute;n a la primera jornada mundial de los abuelos y las personas mayores. Desde el evangelio, presenta el Sumo Pont&iacute;fice, un relato que nos debe tocar en lo m&aacute;s profundo de nuestro coraz&oacute;n, bien sea que tengamos nuestros abuelos a&uacute;n vivos o, quien sabe, si el destino alg&uacute;n d&iacute;a nos tiene para ser abuelos. Lo cierto es que, siguiendo el transcurso de los d&iacute;as, normalmente, todos llegaremos a ser personas mayores, y es cuando, deseamos un trato digno de nuestra condici&oacute;n de mayores. Por tal motivo me viene a la mente, la regla de oro, trata a los dem&aacute;s, como quieren que a ti te traten.&nbsp; Confiamos que puedan leer este art&iacute;culo en COORDINACI&Oacute;N CON CADA DIRECTOR DE GRADO He aqu&iacute; el art&iacute;culo Mientras estaba sentado ensen\u0303ando, &laquo;al levantar la vista, Jesu\u0301s vio que una gran multitud acudi\u0301a a e\u0301l, y le pregunto\u0301 a Felipe: &ldquo;&iquest;Do\u0301nde compraremos pan para que coma esta gente?&rdquo;&raquo; (Jn&nbsp;6,5). Jesu\u0301s no se limita a ensen\u0303ar, sino que se deja interrogar por el hambre que anida en la vida de la gente. Y, de ese modo, da de comer a la multitud distribuyendo los cinco panes de cebada y los dos pescados que un muchacho le ofrecio\u0301. Al final, como sobraron bastantes pedazos de pan, les dijo a los suyos que los recogieran, &laquo;para que no se pierda nada&raquo; (v. 12). En esta Jornada, dedicada a los abuelos y a los mayores, quisiera detenerme precisamente en estos tres momentos: Jesu\u0301s que ve el hambre de la multitud; Jesu\u0301s que comparte el pan; Jesu\u0301s que ordena recoger los pedazos sobrantes. Tres momentos que se pueden resumir en&nbsp;tres verbos:&nbsp;ver, compartir, custodiar. Ver.&nbsp;El Evangelista Juan, al principio de la narracio\u0301n, sen\u0303ala este particular: Jesu\u0301s levanta los ojos y ve a la multitud hambrienta despue\u0301s de haber caminado mucho para encontrarlo. Asi\u0301 inicia el milagro, con la mirada de Jesu\u0301s, que no es indiferente ni esta\u0301 atareado, sino que advierte los espasmos del hambre que atormentan a la humanidad cansada. E\u0301l se preocupa por nosotros, nos cuida, quiere saciar nuestra hambre de vida, de amor y de felicidad. En los ojos de Jesu\u0301s descubrimos la mirada de Dios: una mirada que es atenta, que escudrin\u0303a los anhelos que llevamos en el corazo\u0301n, que ve la fatiga, el cansancio y la esperanza con las que vamos adelante. Una mirada que sabe captar la necesidad de cada uno. A los ojos de Dios no existe la multitud ano\u0301nima, sino cada persona con su hambre. Jesu\u0301s tiene una mirada contemplativa, es decir, capaz de detenerse ante la vida del otro y descifrarla. Esta es tambie\u0301n la mirada con la que los abuelos y los mayores han visto nuestra vida. Es el modo en el que ellos, desde nuestra infancia, se han hecho cargo de nosotros. Habiendo tenido una vida a menudo muy sacrificada, no nos han tratado con indiferencia ni se han desentendido de nosotros, sino que han tenido ojos atentos, llenos de ternura. Cuando esta\u0301bamos creciendo y nos senti\u0301amos incomprendidos o asustados por los desafi\u0301os de la vida, se fijaron en nosotros, en lo que estaba cambiando en nuestro corazo\u0301n, en nuestras la\u0301grimas escondidas y en los suen\u0303os que lleva\u0301bamos dentro. Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos. Y es gracias tambie\u0301n a este amor que nos hemos convertido en adultos. Y nosotros,&nbsp;&iquest;que\u0301 mirada tenemos hacia los abuelos y los mayores?&nbsp;&iquest;Cua\u0301ndo fue la u\u0301ltima vez que hicimos compan\u0303i\u0301a o llamamos por tele\u0301fono a un anciano para manifestarle nuestra cercani\u0301a y dejarnos bendecir por sus palabras? Sufro cuando veo una sociedad que corre, atareada e indiferente, afanada en tantas cosas e incapaz de detenerse para dirigir una mirada, un saludo, una caricia. Tengo miedo de una sociedad en la que todos somos una multitud ano\u0301nima e incapaces de levantar la mirada y reconocernos. Los abuelos, que han alimentado nuestra vida, hoy tienen hambre de nosotros, de nuestra atencio\u0301n, de nuestra ternura, de sentirnos cerca. Alcemos la mirada hacia ellos, como Jesu\u0301s hace con nosotros. Compartir.&nbsp;Despue\u0301s de haber visto el hambre de aquellas personas, Jesu\u0301s desea saciarlas. Y lo hace gracias al don de un muchacho joven, que ofrece sus cinco panes y los dos peces. Es muy hermoso que un muchacho, un joven, que comparte lo que tiene, este\u0301 en el centro de este prodigio del que se beneficio\u0301 tanta gente adulta &mdash;unas cinco mil personas&mdash;. Hoy tenemos necesidad de una nueva alianza entre los jo\u0301venes y los mayores, de compartir el comu\u0301n tesoro de la vida, de son\u0303ar juntos, de superar los conflictos entre generaciones para preparar el futuro de todos. Sin esta alianza de vida, de suen\u0303os y de futuro, nos arriesgamos a morir de hambre, porque aumentan los vi\u0301nculos rotos, las soledades, los egoi\u0301smos, las fuerzas disgregadoras. Frecuentemente, en nuestras sociedades hemos entregado la vida a la idea de que &ldquo;cada uno se ocupe de si\u0301 mismo&rdquo;. Pero eso mata. El Evangelio nos exhorta a compartir lo que somos y lo que tenemos, ese es el u\u0301nico modo en que podemos ser saciados. He recordado muchas veces lo que dice a este propo\u0301sito el profeta Joel (cf.&nbsp;Jl&nbsp;3,1): Jo\u0301venes y ancianos juntos. Los jo\u0301venes, profetas del futuro que no olvidan la historia de la que provienen; los ancianos, son\u0303adores nunca cansados que trasmiten la experiencia a los jo\u0301venes, sin entorpecerles el camino. Jo\u0301venes y ancianos, el tesoro de la tradicio\u0301n y la frescura del Espi\u0301ritu. Jo\u0301venes y ancianos juntos. En la sociedad y en la Iglesia: juntos. Custodiar.&nbsp;Despue\u0301s de que todos comieron, el Evangelio refiere que sobraron muchos pedazos de pan. Ante esto, Jesu\u0301s da una indicacio\u0301n: &laquo;Recojan los pedazos que han sobrado, para que no se pierda nada&raquo; (Jn&nbsp;6,12). Es asi\u0301 el corazo\u0301n de Dios, no so\u0301lo nos da mucho ma\u0301s de lo que necesitamos, sino que se preocupa tambie\u0301n de que nada se desperdicie, ni siquiera un fragmento. Un pedacito de pan podri\u0301a parecer poca cosa, pero a los ojos de Dios nada se debe descartar. Es una invitacio\u0301n profe\u0301tica que hoy estamos llamado a hacer resonar en nosotros mismos y en el mundo:&nbsp;recoger, conservar con cuidado, custodiar. Los abuelos y los mayores no son sobras de la vida, desechos que se deben tirar. Ellos son esos valiosos pedazos de pan que han quedado sobre la mesa de nuestra vida, que pueden todavi\u0301a nutrirnos con una fragancia que hemos perdido, &ldquo;la fragancia de la memoria&rdquo;. No perdamos la memoria de la que son portadores los mayores, porque somos hijos de esa historia, y sin rai\u0301ces nos marchitaremos. Ellos nos han custodiado a lo largo de las etapas de nuestro crecimiento, ahora nos toca a nosotros custodiar su vida, aligerar sus dificultades, estar atentos a sus necesidades, crear las condiciones para que se les faciliten sus tareas diarias y no se sientan solos. Pregunte\u0301monos: &ldquo;&iquest;He visitado a los abuelos? &iquest;a los mayores de la familia o de mi barrio? &iquest;Los he escuchado? &iquest;Les he dedicado un poco de tiempo?&rdquo;. Custodie\u0301moslos, para que no se pierda nada. Nada de su vida ni de sus suen\u0303os. Depende de nosotros, hoy, que no nos arrepintamos man\u0303ana de no haberles dedicado suficiente atencio\u0301n a quienes nos amaron y nos dieron la vida. Hermanos y hermanas, los abuelos y los mayores son el pan que alimenta nuestras vidas. Estemos agradecidos por sus ojos atentos, que se fijaron en nosotros, por sus rodillas, que nos acunaron, por sus manos, que nos acompan\u0303aron y alzaron, por haber jugado con nosotros y por las caricias con las que nos consolaron. Por favor, no nos olvidemos de ellos. Alie\u0301monos con ellos. Aprendamos a detenernos, a reconocerlos, a escucharlos. No los descartemos nunca. Custodie\u0301moslos con amor. Y aprendamos a compartir el tiempo con ellos. Saldremos mejores. 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